ANTOLOGÍA DEL HORROR FRENTEPOPULISTA

Escrito por Laureano Benítez Grande-Caballero.

En esta antología del horror todos sus episodios son muestras de la extrema crueldad roja, pero merecen destacarse algunos hechos que por su tremendismo merecen ocupar un lugar de honor en la galería de las más terribles atrocidades cometidas por el ser humano:

Las enfermeras de Somiedo (Asturias)

Pilar Gullón, de 23 años; Octavia Iglesias Blanco, de 41; y la joven Olga P. Monteserín Núñez, de 19, eran tres jóvenes naturales de Astorga (León), que se alistaron como voluntarias en la intendencia de labores sanitarias en el frente del Norte, en Somiedo (Asturias).

El pequeño hospital de Pola de Somiedo donde trabajaban fue tomado el 27 de octubre de 1936 por milicias locales de la UGT, comandadas por Genaro Arias Herrero, un veterano de la Revolución de Asturias, quien fue capturado por las tropas nacionales y sometido a juicio sumarísimo el 22 de octubre del año siguiente. Todo lo que sabemos del destino de las enfermeras y los prisioneros deriva de los testimonios que Genaro dio en el transcurso del procedimiento judicial.

En la enciclopedia Wikipedia, muy poco sospechosa de afinidad por el franquismo, se relata con detalle el espeluznante martirio de las enfermeras:

«El jefe falangista, el médico y algunos oficiales fueron ejecutados ese mismo día; los 14 heridos fueron muertos por las milicias cuando, en un rápido contraataque, los sublevados recuperaron el control del terreno perdido. Los soldados rasos y suboficiales fueron conducidos a reta-guardia. Según los testimonios recogidos durante el juicio a Arias Herrero, de su propia boca y a través de testigos presenciales, las enfermeras pasaron la noche en cautiverio en Pola de Somiedo, en las barracas donde se alojaban los milicianos, quienes abusaron reiteradamente de ellas. Dicen los testigos que un carro utilizado para actividades rurales, cuyo tipo de eje produce un chirrido característico, fue utilizado para apagar los gritos.

En la mañana del 28, unas milicianas, entre quienes se contaban Felisa Fresnadillo, Josefa Santos, María Sánchez, María Soto y Consuelo Vázquez, se ofrecieron como voluntarias para fusilar a las prisioneras. Las ejecutoras de los disparos mortales fueron Evangelina Arienza, Dolores Sierra, y Emilia Gómez. Las milicianas despojaron a las enfermeras de toda su ropa, y, ya sobre el mediodía, las voluntarias republicanas las fusilaron, enteramente desnudas, en un prado. Las milicianas se repartieron las prendas de las muertas, y luego hicieron escarnio de los cuerpos durante gran parte de la tarde, hasta que en la noche fueron sepultadas en la fosa común, que fueron obligados a cavar dos prisioneros falangistas también ejecutados luego».

Tipos como el Genaro de marras fueron los que más abundaron entre las víctimas de la represión franquista, a la que se acusa de «genocida», considerando su ejecución no como un acto judicial, sino como «asesinato» (¡¿).

Profanación de la Iglesia del Carmen (Madrid)

La iglesia del Carmen  de Madrid fue ocupada el 21 de julio de 1936 por uno de los muchos grupos de milicianos y milicianas que surgieron en Madrid —y en toda la zona republicana— tras el 18 de julio.

Estos milicianos establecieron una cárcel no oficial (checa) en las capillas laterales de la iglesia donde encarcelaron a individuos conectados con la derecha política y la iglesia católica. Estos milicianos alcanzaron una gran notoriedad gracias a su decisión de exhumar y exponer públicamente los restos religiosos que encontraron en la cripta de la iglesia.

Sacaron los cuerpos y esqueletos de los curas y monjas, y los colocaron haciendo toda clase de posturas sexuales. Aquello no les debió parecer suficiente, pues llegaron a dejarlos a modo de exposición y cobrar entrada por una visita macabra.

El grupo exhibió estas momias a la puerta de la iglesia, atrayendo a tantos espectadores que las colas para ver el horrendo espectáculo se extendieron desde la entrada de la iglesia hasta la Puerta del Sol durante varios días.

Los milicianos aseguraron a los reporteros que las momias eran monjas que habían sufrido torturas en el convento, o que habían muerto en el parto. 

(María Thomas: La fe y la furia: violencia anticlerical popular e iconoclastia en España, 1931-1936, Granada, Comares, 2014, http://www.proyectomadrid.com/marcador/iglesia-del-carmen/95/)

Asalto a Las Salesas (Barcelona)

El 19 de julio de 1936, elementos anarquistas saquearon la iglesia y el convento de las Salesas, sito en el paseo de San Juan de la ciudad condal. Como las hordas revolucionarias se encuentran con la iglesia vacía, se dedicaron a profanar tumbas de monjas, que luego exhibieron en la misma puerta del templo. 

Testimonio de Aurora Bertrana, testigo directo de la profanación: «Miles de ciudadanos curiosos iban a contemplar este macabro espectáculo bautizado con el nombre de “Las momias de las salesas”. De momia sólo había una, y aún dudosa. Era un cadáver que, Dios sabe por qué motivos, no había llegado al estado de descomposición natural. Parecía una estatua. Representaba una monja joven, esbelta, vestida y cofada de blanco, con el rostro y las manos como de mármol, que por su limpieza y su hermosura daba gusto contemplar. Las otras eran pobres y horribles cuerpos de mujer en estado más o menos avanzado de putrefacción: estaban todas las gradaciones del cadáver, desde el más reciente al más antiguo, ya convertido en simple esqueleto. Estos últimos pronto se desintegraban, y esto añadía fealdad en el espectáculo.

Valía la pena de escuchar los comentarios de la gente: la hermosa momia de la monja era muy admi-rada. Se trataba de comprender por qué aquella daba tanto gozo y las demás tanto asco, hasta el punto de que, después de haberlas contemplado, algunos espectadores debían correr a vomitar al pie de un árbol».

Según la testigo, llegó a desfilar más de un millón de personas para ver el horrendo espectáculo.

El holocausto de Barbastro

La casa de la Comunidad Claretiana de Barbastro fue asaltada por milicianos de la CNT el 20 de julio de 1936. La comunidad estaba formada por 60 personas: 9 sacerdotes, 12 hermanos, y 39 estudiantes. Encerrados en el salón de actos del colegio de los Padres Escolapios, los carceleros buscaban una y otra vez la apostasía de los jóvenes seminaristas. Para ello, introducían prostitutas en el salón para tentarlos. No obtuvieron éxito. Del mismo modo, les tenían prohibido rezar, aunque conseguían sortear la vigilancia para orar en pequeños grupos.

Del mismo modo, pudieron mantener la comunión diaria. Un padre escolapio y un cocinero se las ingeniaron para poder introducir las sagradas Formas en el cesto del desayuno.

Mientras esperaban, muchos testimonios fueron tallados en madera, escritos en envoltorios de chocolate, en un pedazo de papel pegado detrás de un calendario, y en una nota sobre un pequeño calendario pegado dentro del bolsillo de una sotana. Perdonaron constantemente a sus captores tanto por escrito como verbalmente. Cantaban salmos en voz alta y repetían frases cortas de alabanza a Dios y a la comunión de los santos, especialmente, «¡Viva Cristo Rey!».

El beato Salvadore escribió: «Mamá, no llores. Jesús me está pidiendo mi sangre: voy a darla por amor a Él. Seré un mártir. Voy a ir al cielo. Te estaré esperando allí». 

Murieron fusilados los días 12, 13, 15 y 18 de agosto de 1936. El 88% del clero de la diócesis de Barbastro fue asesinado, y los saqueos e incendios afectaron al 100% de sus iglesias.

Entre sus víctimas destaca la figura de Florentino Asensio Barroso, obispo de Barbastro, quien fue torturado salvajemente en la noche del 8 agosto de 1936: le cortaron sus órganos genitales, y sus testículos fueron paseados de bar en bar por toda la ciudad. Mientras le empujaban le decían: «No tengas miedo. Si es verdad eso que predicáis, irás pronto al cielo». La respuesta de este obispo no pudo ser más clara: «Sí, y allí rezaré por vosotros». Fusilado, le dejaron con vida encima de un montón de cadáveres, para que sufriera más, hasta que finalmente le dieron el tiro de gracia. Poco antes de arrojarle a la fosa común, le robaron su ropa y sus zapatos y le arrancaron los dientes.

Durante todo su martirio, el obispo no cesaba de otorgar su perdón a los torturadores, bendiciéndoles con su mano derecha, que fue atravesada por balazos.

Javier Paredes, catedrático de Historia en la Universidad de Alcalá, relata con detalle la diabólica tortura del Obispo: (en hispanidad.com)

«La noche del 8 de agosto de 1936 fue a buscarle a la cárcel, donde lo tenían preso, un grupo compuesto por Santiago Ferrando, Héctor Martínez, Alfonso Gaya, Torrente el de la tienda de licores, y otros dos más.

Entre insultos y carcajadas comenzaron por atarle las manos por detrás con un alambre y lo amarraron, codo con codo, a otro preso más alto y recio que él. Y a continuación, le bajaron los pantalones, para ver si era hombre como los demás. Y entre humillaciones y vejaciones, Alfonso Gaya exclamó burlándose del obispo:

—¡Qué buena ocasión para comer cojones de obispo!

Todos aprobaron la ocurrencia con una carcajada infernal. Santiago Ferrando le dijo que si tenía valor que lo hiciese y, sin mediar palabra, Alfonso Gaya sacó una navaja de su bolsillo y le cortó en vivo los testículos, los envolvió en papel de periódico y se los guardó en un bolsillo. Al instante, saltaron dos chorros de sangre que enrojecieron las piernas del prelado y las del otro preso atado a su espalda. Las baldosas del suelo quedaron encharcadas. Le cosieron la herida con hilo de esparto, como hacían con los caballos destripados. Y, chorrreando sangre, le obligaron a subir por su propio pie al camión que le llevaría al cementerio donde pensaban asesinarlo. Como sus movimientos eran lentos, para que acelerara, lo empujaban y le insultaban:

—Anda tocino, date prisa —le dijo uno de sus verdugos.

De los insultos pasaron a los golpes, y uno de los verdugos le hundió el pecho con la culata de su fusil, provocándole una doble fisura en el costillar del lateral izquierdo.

En el cementerio dispararon contra los presos, pero teniendo cuidado deno herir de muerte al obispo, con el fin de que falleciese durante la noche desangrado. Los quejidos de su larga agonía se podían escuchar desde el hospital de San Julián, por lo que el doctor Antonio Aznar Riazueloavisó por teléfono al comité de vigilancia de las lamentaciones que se escuchaban desde el cementerio. Poco después de la llamada del médico, subió al cementerio un grupo de milicianos y lo remataron».

Martirio de Carmen García Moyón

Profesó en las Terciarias Capuchinas de Torrente (Valencia), en 1926, en el convento de Monte Sion, en donde se ocupaba de la peligrosa misión de dar catequesis a los niños, y de llevar la Eucaristía por las casas,  a pesar de que sabía que los milicianos del Frente Popular habían asesinado a los terciarios Capuchinos del convento de Torrente.

Los milicianos republicanos la detuvieron sólo por ser católica, y la llevaron al Barranco de les Canyes, en donde intentaron violarla.  Su resistencia impidió la agresión sexual de los republicanos, pero éstos la rociaron de gasolina y la prendieron fuego, convirtiéndola en una tea de fuego, muriendo dando gritos de «¡Viva Cristo Rey!», a pesar del terrible dolor que experimentaba.  Los milicianos, viendo su sencillo cuerpo sufriendo la tortura del fuego, se burlaron de ella hasta su muerte, que les llegó de inmundo gozo.

Fue elevada a los altares en el grupo de 233 mártires de la misma persecución beatificados por san Juan Pablo II en 2001.

Torturada durante 4 meses y enterrada viva

Carmen Godoy fue una cristiana entregada a ayudar a los pobres y hacer el bien durante muchos años. Y dio tales muestras de ejercitar la justicia y la caridad, que le mereció el reconocimiento de la sociedad de Adra (Almería). Lideró un movimiento de recogida de fondos para reconstruir la iglesia, que había sido quemada en 1933.

Y eso no se lo perdonaron los milicianos, por lo que al estallar la guerra en 1936 huyó a Madrid, para esconderse de sus perseguidores. Pero fue inútil, porque la detuvieron allí en agosto de 1936. Fue encarcelada en su casa, que la CNT había convertido en sede de su comité. Y allí comenzaron cuatro meses de torturas, por negarse a dar la lista de los que habían contribuido económicamente para la reconstrucción de la iglesia.

La despojaron de todos sus vestidos y tuvo que permanecer desnuda en una habitación entre sus propios excrementos. Así soportó las humillaciones de los hombres que llevaban sus carceleros, para que se burlasen de ella. Y para humillarla aún más, la exhibieron desnuda en una jaula en la que metieron con ella a un hombre también desnudo, que tenía perdido el juicio, para que la violara en la jaula a la vista de todos.

Le restringieron la comida y el agua. Todo lo que le ofrecían era un vaso con la orina de sus carceleros. Le rajaron uno de los pechos con un puñal, herida de la que nunca se recuperó. Y una noche de crudo invierno la metieron en las aguas heladas del puerto, para hacerla sufrir el ahogamiento. La Noche Vieja de 1936, ante la imposibilidad de sacarle los nombres de los benefactores de la parroquia, la subieron a un coche y la llevaron a la carretera de La Curva, donde uno de sus verdugos la violó. Después la llevaron a la Albufera de Adra, donde cavaron una fosa, le machacaron la cabeza con una azada y no quisieron esperar a que se muriese. La enterraron viva.

Fue beatificada el 25 de marzo de 2017. (Fuente: Causa General)

Tortura y asesinato de Piedad Suárez  («Piedaíta»)

«Piedaíta» —Piedad Suárez de Figueroa Moya— era una joven de 27 años natural de Villanueva de Alcaudete (Toledo). Fue detenida, torturada, violada y asesinada a principios de septiembre de 1936 junto a un grupo de cuarenta personas de la misma localidad.

El día 5 de ese mes fue llevada a un lugar conocido como Casas de Luján y apartada del grupo por 13 milicianos. Allí se produjo una violación en grupo en la que participaron, al menos, tres de los milicianos, uno de los cuales le mutiló un pecho. Su agonía terminó tras ser disparada por sus propios violadores. (Juan Pflüger)

Apolonia Lizárraga

El 8 de septiembre de 1936, Apolonia Lizárraga y Ochoa de Zabalegui ―más conocida por su nombre religioso, Apolonia del Santísimo Sacramento―, superiora general de la orden religiosa Carmelitas de la Caridad, que llevaba unos días detenida en la satánica checa de San Elías (Barcelona), fue aserrada viva y descuartizada y sus restos fueron echados como cebo para los cerdos que tenía el director de aquella cheka. Se cuenta también que, al proceder a la matanza de esos cerdos, algunos milicianos decían en son de burla que iban a hacer chorizos de monja.

Este martirio no fue tampoco ningún «privilegio» para la religiosa, ya que, al parecer, su destino era común para muchos de los detenidos en aquel antro del infierno.

Apolonia fue beatificada por Benedicto XVI el 28 octubre de 2007, en una ceremonia donde también subieron a los altares 498 mártires de la Guerra Civil.

Asesinato de 27 Hermanas Adoratrices en Madrid

El 18 de julio de 1936, La Casa General de las Adoratrices de Madrid fue ametrallada por los milicianos, por lo cual las religiosas alquilaron un piso en la calle Costanilla de los Ángeles, donde empezaron a refugiarse también adoratrices que estaban siendo amenazadas en otraspoblaciones, hasta que su número fue de 23 hermanas.

El secreto de la estancia de las hermanas en el piso de Costanilla de los Ángeles duró poco y, en septiembre, era ya un secreto a voces que el inmueble estaba ocupado por monjas. Aun así, no recibieron apenas visitas desagradables hasta que el 9 de noviembre, durante una alarma antiaérea en la que bajaron a la calle para ponerse a resguardo, fueron descubiertas por un grupo de milicianos comunistas cuando salían del portal del edificio.

Una vez terminada la alarma, las hermanas regresaron al piso, donde esperaban media docena de milicianos que las detuvieron inmediatamente para conducirlas a la checa de Fomento, donde fuerontorturadas y asesinadas. La mayoría de los cuerpos de las adoratrices fueron encontrados junto a la tapia del cementerio de La Almudena, donde reposan muchas de ellas.

Junto a ellas fueron fusilados muchos de sus protectores.

Publicado por Plataforma Contra la Apología del Marxismo

La PLATAFORMA CONTRA LA APOLOGÍA DEL MARXISMO tiene como objetivo primordial exigir la retirada de los espacios públicos de toda España los vestigios del comunismo, que en forma de nombres de calles, placas, monumentos, fundaciones, centros de enseñanza, etc. ensalcen la figura de personajes vinculado al marxismo internacional y especialmente de quienes cometieron fechorías y crímenes durante la II República y la Guerra Civil durante el llamando Terror Rojo.

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