SANTIAGO CARRILLO:”El carnicero de Paracuellos”

SANTIAGO CARRILLO SOLARES es sin duda la figura más importante del comunismo español, por su trayectoria y por su larga vida, siendo desde 1960 hasta 1982 Secretario General del Partido Comunista de España (PCE).

Su militancia política dentro de partidos marxistas siempre se caracterizó por sus planteamientos revolucionarios, formando parte en sus inicios de la facción más extremista del socialismo, la acaudillada por Largo Caballero, de quien llegó a ser su delfín, y del que luego se distanció por considerarlo demasiado moderado. Desde la dirección del periódico Renovación (la revista de las juventudes socialistas, cuya secretaría General consiguió en 1934), a la que accedió en 1933,defendía su posición revolucionaria, extendiéndola en el seno de las Juventudes.

En la edición del 17 de febrero de 1934, y debajo de la cabecera, se publicó el «Decálogo del joven socialista», toda una incitación al terrorismo y a la violencia, en cuyos puntos 8, 9 y 10 explica sin tapujos su idea de la violencia revolucionaria:

8. La única idea que hoy debe tener grabada el joven socialista en su cerebro en que el socialismo sólo puede imponerse por la violencia, y que aquel compañero que propugne lo contrario, que tenga todavía sueños democráticos, sea alto, sea bajo, no pasa de ser un traidor, consciente o inconscientemente.

9. Cada día, un esfuerzo nuevo, en la creencia de que al día siguiente puede sonar la hora de la revolución.

10. Y sobre todo esto: armarse. Como sea, donde sea y “por los procedimientos que sean”. Armarse. Consigna: Ármate tú, al concluir arma si puedes al vecino, mientras haces todo lo posible por desarmar a un enemigo.

Participó activamente en el golpe de estado revolucionario de octubre de 1934. Posteriormente, tras un viaje a Moscú donde se sintió fascinado por la revolución bolchevique, participó activamente en la unificación de las juventudes socialistas con las juventudes comunistas, formándose  las JSU.

El 6 de noviembre de 1936, a la vez que las tropas nacionales se encuentran a las puertas a la capital, Santiago Carrillo se afilia al Partido Comunista de España. Nombrado consejero de orden público de la Junta De Defensa de la capital, tienen lugar las terribles matanzas de Paracuellos del Jarama, Aravaca y torrejón de Ardoz, las cuales se desarrollaron, sino con su planificación ―dado su cargo―, sí al menos con su consentimiento, sin que hiciera nada por defender la vida de los inocentes que fueron fusilados, dado que, debido a su cargo, difícilmente podría alegar desconocimiento de las masacres.

Solamente entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936 cerca de 5.000 hombres, mujeres y niños —fueron ejecutados 276 menores de edad, hasta 13 años— fueron sacados de diversas cárceles de Madrid y asesinados en Aravaca, Paracuellos y Torrejón de Ardoz, donde los habían llevado con la excusa de trasladarlos a otros lugares.

Según María del Pilar Amparo Pérez García, «La checa de Fomento había sido disuelta, formándose un Consejo de Policía ―según documentos oficiales―, presidido por los comunistas Santiago Carrillo y Segundo Serrano Poncela, a cuyo cargo quedó de un modo exclusivo el Orden Público en la capital abandonada por el gobierno rojo. El referido Consejo de Orden Público repartió a sus miembros entre las diversas cárceles de Madrid, y, tras una brevísima selección, que ya había sido comenzada por el disuelto Comité de Investigación Pública, fueron extraídos de las prisiones varios millares de presos de todas las edades, profesiones y condiciones sociales, que fueron asesinados por las Milicias de Vigilancia improvisadas por el gobierno rojo en Paracuellos del Jarama, Torrejón de Ardoz y otros lugares próximos a Madrid, donde reposan los restos de estas víctimas. Las órdenes que sirvieron para realizar estas extracciones aparecen firmadas por las autoridades de Orden Público».

La más sanguinaria fue la matanza de Paracuellos, cuyas cifras reales son objeto de discusión, pero desde luego están bastante por encima de las 2.500 víctimas que propone el pseudohistoriador Paul Preston, ya que solamente el 7 de noviembre fueron asesinados cerca de un millar de presos sacados de «la Modelo».

César Vidal propone una cifra cercana a los 5.000, y Ricardo de la Cierva —cuyo padre fue ejecutado en Paracuellos— afirma que fueron aproximadamente 10.000. Antonio de Izaga da la cifra de 8.534, y el siempre fiable Ramón Salas Larrazábal propone 8.300.

Según las investigaciones de Salas Larrazábal, hubo cerca de 8.500 víctimas, dato apoyado por Ricardo de la Cierva, cuyo padre fue fusilado en Paracuellos.

 Los autores de las masacres —que fueron las más crueles de toda la Guerra Civil— fueron milicianos a las órdenes de Santiago Carrillo, que por entonces era consejero de Orden Público, y eran conocidas por la Junta de Defensa de Madrid, bajo el mando del general Miaja, e instigadas y apoyadas por el socialista Ángel Gallarza, Ministro de la Gobernación.

Todos los historiadores coinciden a la hora de afirmar que tanto Santiago Carrillo como el general Miaja  y otras autoridades de la Junta de Defensa de Madrid y de la República estaban al tanto de las matanzas.

En las torturas y matanzas que se efectuaban en las checas tuvo un lugar destacado el sanguinario Santiago Carrillo, desde su cargo de responsable máximo del orden público en Madrid.

El mismo Paul Preston, es el pseudohistoriador de simpatías claramente izquierdistas, acusada sin ambages a Santiago carrillo de las Matanzas, afirmando que “Sus mentiras son tan infantiles, es una ridiculez decir que no sabía nada de los hechos”, alega Preston y explica que Santiago Carrillo era el responsable de Orden Público y nombró como director de Seguridad a Segundo Serrano Poncela, quien “organizó a diario las sacas”. “Es inconcebible que Carrillo no lo supiera y encuentro absurdo que durante todos estos años haya estado mintiendo”, alega Preston, el quien afirma que las ejecuciones de Paracuellos constituyen “la mayor atrocidad cometida en territorio republicano durante la Guerra Civil española”

Parte de las atrocidades cometidas por el pistolero comunista nos son conocidas gracias a los testimonios de Julián «El Estudiante», un joven que en el año 36 contaba con 14 años de edad y que, acuciado por el hambre, había llegado a formar parte de «los pioneros» ―miembros casi adolescentes de las checas― por hambre. 

Fue «muchacho de los recados» de las checas de Madrid ― llevaba, desde el despacho de Carrillo en la calle Pontejos, las listas de los que debían detener y asesinar―, por lo cual acompañó a Santiago Carrillo a algunas de sus «actividades», las cuales recogió en un documento que, fotocopiado, pasó de mano en mano durante bastantes años de la Transición, y cuyo contenido fue recogido en parte en un reportaje que apareció en El Alcázar en noviembre de 1977, firmado por Joaquín Abad.

Sus testimonios son escalofriantes,y apuntan directamente al genocida que tan tranquilamente tuvo un papel protagonista en la Transición:

Según explica en sus testimonios Julián «El Estudiante» ―que colaboró en la excavación de las zanjas de Paracuellos sin saber para qué se iban a utilizar―, llegó una furgoneta llena de gente. Los sacaron a gritos y los pusieron a todos delante de las zanjas. Salían sin calzado, con sangre en los pies, en la cara, apenas vestidos y sin objeto de valor alguno. Sin consideración, los mataron a todos, con metralletas y fusiles. Seguidamente los echaron a las zanjas y nos mandaron que cubriéramos con tierra los cadáveres. Debía ser la primera semana de noviembre cuando nos llegaron tres autocares con cientos de personas amontonadas. Yo no sabría calcular cuántos serían. Aquello fue horroroso. No paraban de matarlos y meterlos en las zanjas, mientras llegaban más autocares, con hombres. Todos eran fusilados y además machacados con fusiles en la cabeza. La escabechina fue tremenda. El mismo Santiago Carrillo los empujaba hasta la fosa con el pie; con algunos no podía y los arrastraba cogiéndolos de las piernas o de las manos.

[…] El 14 y 15 de noviembre, después de haber “peinado” Madrid varias veces, al objeto de que no quedara vivo ningún militar, citaron a los que quedaban en libertad en la Casa de la Moneda, bajo la excusa de liquidarles los haberes atrasados. Una vez dentro, los cuatro mil militares se dieron cuenta de que aquello estaba tomado. Habían caído en una trampa. Fueron trasladados en camiones hasta la D.G.S. (Dirección General de Seguridad), en la calle Infantas, y desde allí, a las cárceles habilitadas. A los pocos días fueron llevados a Paracuellos donde se les asesinó en masa».

«Uno de los días, en la “checa” de la calle Marqués de Cubas, en la tercera habitación del pasillo de la derecha, recuerdo cómo los milicianos le pegaban a un señor que estaba atado a una silla de madera con brazos. No sabía quién era ni porqué le daban guantazos en la cara hasta partirle el labio… Después de aquello, al amanecer, creo que fue el 24 de agosto, me montaron en un “forito”, ocho cilindros, muy viejo, y fuimos a la carretera de Fuencarral. Al rato, llegó un coche alargado de donde se bajaron cuatro milicianos, y el quinto, el jefe de las “checas”, que yo aún no conocía entonces. Vestía un tabardo marrón y unas botas. No tendría más de 23 ó 24 años: era Santiago Carrillo.

 Apearon a tres señores y una señora, les hicieron andar sobre la cuneta unos doce metros, y sin que yo me lo esperara, sacaron las metralletas y los mataron a los cuatro. Carrillo, que había dado la orden de ejecución, saltó a la cuneta y me dijo: “Pionero, estudiante, ven acá. ¿Sabes quién es éste?” ―Señalando a uno de los ejecutados que estaba tendido en el suelo en un charco de sangre―: este es el Duque de Veragua, el fascista número uno de España”, añadió Carrillo mientras sacaba una pistola de debajo del tabardo (que, recuerdo perfectamente, era del nueve largo), y disparó tres tiros sobre el cráneo del Duque, que ya estaba bien muerto.

Hecho esto, Carrillo vio en la mano del cadáver una sortija con brillantes que parecía de valor, y dirigiéndose al Guardia de Asalto Ramiro Roig, “El Pancho”, le ordenó: “¡Quítale el anillo!”. El otro empezó a tirar sin conseguir que saliera. “¡Córtale el dedo, leche!” ―reclamó Carrillo indignado―. El guardia sacó una navaja del bolsillo y destrozó la mano hasta que consiguió sacar el anillo, y se lo dio a su jefe. Recuerdo perfectamente que Santiago Carrillo, después de limpiar la sangre de la sortija, con broza que tomó del suelo, se la guardó en el bolsillo y, cogiéndome por encima del hombro, me subió en el Ford. Emprendimos viaje de regreso».

El Duque de Veragua, ya de edad avanzada, no había desarrollado  ninguna actividad política a lo largo de su vida. El móvil de su detención fue el robo, ya que antes de ser ejecutado fue obligado a transferir la propiedad de una finca que tenía en Toledo.

También tuvo un papel destacado en el terror de las checas. Otro testimonio de «El Estudiante» nos ilustra de cómo funcionaban las checas bajo las órdenes de Carrillo, en concreto la de Fomento, cerca de la estación de Atocha:  «Recuerdo que era de noche ―nos dice nuestro testigo― cuando llegamos. Bajamos a un sótano donde esperaban la llegada de Carrillo los chequistas Manuel Domínguez “El Valiente” y el Guardia de Asalto Juan Bartolomé. Allí estaba sentada una mujer joven, de unos treinta años o más, con la ropa a jironazos, casi desnuda, que no hacía más que llorar y suplicar que no la pegaran más. Llegó por fin al sótano Santiago Carrillo y dio al tal “El Valiente” la orden de quemarle los pechos, orden que éste cumplió utilizando un cigarro puro. La mujer suplicaba “por Dios” que el tormento cesase. Luego me dijeron que se trataba de una monja, Sor Felisa, del Convento de las Maravillas de la calle Bravo Murillo».

Pero crímenes de Carrillo no solo se circunscriben al fusilamiento y a la tortura de inocentes, solamente por el hecho de ser adversariospolíticos o mantener convicciones conservadoras y católicas, sino que también mostró una extrema crueldad en las numerosas purgas que efectuó dentro del PCE, en colaboración con no poca frecuencia con Dolores Ibárruri, eliminando con toda frialdad a aquellos militantes que le hacían sombra o que no compartían su línea de actuación. Esta depuraciones han sido recogidas por el mismo Paul Preston en su libro biográfico sobre Carrillo titulado «El zorro rojo», donde afirma queCarrillo se hizo con el control  del PCE no solo desprestigiando y acusando de colaboración con el franquismo a los disidentes, sino también acabando con su vida.

Preston cita al menos dieciséis casos de cuadros y militantes que murieron porque así lo decidieron los responsables del PCE, fundamentalmente en la década de los 40, mientras que otros dirigentes tuvieron el convencimiento de que se planeó su asesinato.

En este sentido, destacaron por su especial relevancia las purgas que efectuó dentro del maquis, muchos de cuyos mandos simplemente fueron “liquidados” por otros “camaradas” del partido por orden de la dirección, en circunstancias que el Partido Comunista nunca ha aclarado.

Entre los nombres propios de los forjados por Carrillo destacan Heriberto Quiñones, el primer reorganizador del PCE tras la Guerra Civil;  Jesús Monzón, impulsor de la Unión Nacional Española (UNE), del maquis y de la invasión del Valle de Arán; y Joan Comorera, secretario general del PSUC –rama catalana del PCE– durante todos ese periodo histórico.

En la lista de los asesinados hay que incluir a Gabriel León Trilla, Alberto Pérez Ayala, Pere Canals y Pascual Giménez Rufino ‘Comandante Royo’, todos ellos colaboradores de Jesús Monzón en la UNE y ejecutados entre 1944 y 1945. Más tarde y con los mismos métodos, caerían los responsables del maquis José Tomás Planas ‘Peque’ (Zona Centro),  Juan Ramón Delicado, Valentín Pérez, Francisco Corredor Serrano ‘Pepito el Gafotas’ y Francisco Bas Aguado ‘Pedro’ (Agrupación Guerrillera del Levante); Víctor García Estanillo ‘El Brasileño’, Teófilo Fernández  y Manuel Fernández Soto ‘Coronel Benito’ (Galicia) y los asturianos Baldonero Fernández Ladreda ‘Ferla’ y Luis Montero Álvarez ‘Sabugo’.

Según el trabajo de Paul Preston, la dirección del PCE tuvo dos instrumentos claves para llevar a cabo estos crímenes: uno eran los militantes adiestrados durante la II Guerra Mundial  por el NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos), un precedente del KGB, y el otro era el aparato encargado de los pasos de frontera.

Un testimonio esclarecedor sobre estos crímenes es el de Francisco Martínez-López, a quien apodaban “El Quico”. Fue miembro del maquis, esa guerrilla que asesinaba igual a civiles que a militares, a mujeres que a hombres y a niños que ancianos.

En una carta dirigida al Partido Comunista, exigía que se hiciera autocrítica de las purgas ―en su lenguaje debemos traducirlo por asesinatos― que “La Pasionaria” y Santiago Carrillo ordenaron durante las décadas de los cuarenta y los cincuenta.Aseguraba que «estos asesinatos fueron cometidos en un contexto de depuración política»

Como escribió Enrique Líster, entre 1947 y 1951 “se venía aplicando el asesinato como método de dirección y de represión en el Partido” (Así destruyó Carrillo el PCE); “Carrillo y Antón ejercían un verdadero terror. Hubo camaradas que al pasar por los interrogatorios llegaron al borde de la locura, y algunos, ante las infames acusaciones que se les hacía, al suicidio” (¡Basta!).

Carrillo le confesó a la periodista María Antonia Iglesias que él nunca tuvo escrúpulos o remordimientos al ordenar matar incluso a los camaradas que se jugaban la vida en España, mientras él estaba en Francia o en Rumanía o en Corea del Norte: «En algún caso, yo he tenido que eliminar a alguna persona, eso es cierto; pero no he tenido nunca problemas de conciencia, era una cuestión de supervivencia».

En 1948, Carrillo visita a Tito con la petición de armas para la guerrilla; poco tiempo después, la dirección del partido, con la asistencia de Santiago Carrillo, se entrevista con Stalin a petición de éste. Stalin, ante los esfuerzos estériles de la guerrilla, aconseja la infiltración en los Sindicatos Verticales, considerándolos una organización de masas legal que los comunistas deben utilizar para combatir el franquismo.

Publicado por Plataforma Contra la Apología del Marxismo

La PLATAFORMA CONTRA LA APOLOGÍA DEL MARXISMO tiene como objetivo primordial exigir la retirada de los espacios públicos de toda España los vestigios del comunismo, que en forma de nombres de calles, placas, monumentos, fundaciones, centros de enseñanza, etc. ensalcen la figura de personajes vinculado al marxismo internacional y especialmente de quienes cometieron fechorías y crímenes durante la II República y la Guerra Civil durante el llamando Terror Rojo.

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