LARGO CABALLERO, EL SOCIALISTA QUE PROVOCÓ LA GUERRA CIVIL

FRANCISCO LARGO CABALLERO fue un sindicalista y político marxista español, histórico dirigente del Partido Socialista Obrero Español y la Unión General de Trabajadores. Durante la Segunda República Española fue ministro de Trabajo (1931–1933) durante su primer bienio, y presidente del Consejo de Ministros (1936–1937) ya durante la Guerra Civil.

A pesar del amplio historial delictivo de Largo Caballero ―que expondremos a continuación―, este dirigente socialista cuenta con homenajes en varios municipios de España, en forma de placas, monumentos, fundaciones, y nombres de calles, cuya retirada inmediata exigimos, a la luz de la resolución europea y los artículos de la Ley de Memoria Histórica ya citados.

1.- Los golpes de Estado

Estamos ante un personaje que protagonizó varios golpes de Estado contra la legalidad vigente en su tiempo:

―  La huelga general de 1917 ―«una de las páginas más gloriosas del proletariado español», según Largo Caballero―, en la que Largo Caballero tuvo un importante protagonismo, que le llevaría al año siguiente a ocupar el cargo de secretario general de la Unión General de Trabajadores.

El 14 de agosto de 1917, al día siguiente de iniciarse la huelga general, los cuatro miembros del Comité de Huelga –Largo Caballero y Daniel Anguiano por UGT y Julián Besteiro y Andrés Saborit por el PSOE– fueron detenidos. Fracasado el movimiento, fueron sometidos a un consejo de guerra acusados del delito de sedición, siendo encontrados culpables y condenados a cadena perpetua el 29 de septiembre de 1917 y conducidos al penal de Cartagena.

Se desencadenó entonces una amplia campaña popular de solidaridad con los condenados que no obtuvo ningún resultado, hasta que el PSOE los incluyó en las listas de la Alianza de Izquierdas para las elecciones generales de febrero de 1918, resultando elegidos los cuatro junto a Pablo Iglesias e Indalecio Prieto. La elección como diputados obligó al gobierno a concederles la amnistía el 8 de mayo de 1918 tomando posesión de sus escaños diez días después.

El «Pacto de San Sebastián»: Largo Caballero participó activamente en el llamado «Pacto de San Sebastián», promovido por la Alianza Republicana, reunión celebrada el 17 de agosto de 1930, a la que asistieron representantes de todos los partidos republicanos, en la cual se acordó una estrategia para derribar la monarquía y proclamar la Segunda República. En octubre de 1930 se incorporaron a la conspiración golpista el PSOE y la UGT.

El Objetivo de este Pacto era la ejecución de un golpe de Estado que derribara la Monarquía e instaurara la República. El plan consistía en provocar un pronunciamiento militar el 15 diciembre de 1930 en la ciudad de Jaca, que debería ser acaudillado por los capitanes Fermín Galán Rodríguez y Ángel García Hernández. Al mismo tiempo, se convocaría una huelga general revolucionaria en toda España, dirigida por los socialistas. El objetivo era «meter a la Monarquía en los archivos de la historia», y establecer «la República sobre la base de la soberanía nacional en una Asamblea Constituyente».

La dirección de esa conspiración residía en un Comité Revolucionario, donde estaba la plana mayor de los republicanos más destacados, como Aniceto Alcalá-Zamora, Miguel Maura, Alejandro Lerroux, Diego Martínez Barrio, Manuel Azaña, Casares Quiroga, Indalecio Prieto, Francisco Largo Caballero, y otros. Ese Comité Revolucionario nombró incluso un Gobierno Provisional, que fue el que protagonizó el pucherazo tras las elecciones del año 31.

Tras las elecciones de 1933, en las que triunfaron las derechas abrumadoramente, las izquierdas amenazaron con una revolución en el caso de que Alcalá-Zamora incluyese en el Gobierno a algún ministro de la CEDA, partido de derecha que había ganado claramente las elecciones, por lo cual se le encomendó formar gobierno a Alejandro Lerroux, líder del partido radical, que había quedado en segundo lugar. En esta maniobra totalmente antidemocrática jugó un papel protagonita Largo Caballero, en su condición de líder del PSOE y de la UGT. Estamos, pues, ante un auténtico golpe de Estado.

Golpe de Estado de octubre de 1934: Ya desde enero de 1934 se estaba gestando el movimiento golpista, cuando se expulsó de la cúpula socialista a los moderados, representados por Julián Besteiro. Según declaró entonces Largo Caballero, «La suerte está echada, el Partido y la Unión General ya están de acuerdo en organizar un movimiento revolucionario con un programa concreto al objeto de salir al frente de manejos reaccionarios». El PSOE y la UGT ―liderados ambos por Largo Caballero― fueron los organizadores de la revolución golpista, en la que participó decisivamente también Indalecio Prieto.

Para dar a la subversión revolucionaria un barniz de legitimidad, los socialistas usaron como argumento la provocación que para ellos suponía la entrada de tres ministros de la CEDA en el gobierno el 4 de octubre de 1934. El mismo día 5 de octubre, el PSOE y UGT ―con la desigual colaboración de los anarquistas de la CNT y la FAI, y el PCE― pusieron en marcha la intentona golpista disfrazada como huelga general, solamente por el hecho de que el partido que legítimamente había ganado las elecciones había metido a tres ministros en el gobierno. Bandas armadas de socialistas y ugetistas intentaron asaltar los edificios de la Presidencia del Gobierno y del Ministerio de la Gobernación. Fue la espoleta para que en España se desencadenaran dos semanas de violencia, que produjo más de un millar de muertos.

La insurrección fracasó porque la oficialidad militar no se sumó al golpe, porque no se consiguió hacer llegar las armas a los comités revolucionarios, y porque el ejército sofocó la rebelión. Un caso especial fue el de Asturias, cuyo comité se pretendía avituallar de armamento a través del buque «Turquesa», que fue interceptado a la Guardia Civil. Y, si tenemos en cuenta que este hecho se produjo en septiembre ―antes de la «provocación reaccionaria» del 4 de octubre―, ya tenemos una prueba más que evidente de que la conspiración golpista de las izquierdas se había preparado con mucha antelación.

Elevado a la Presidencia del Gobierno en septiembre de 1936, su historial no se limitó a tolerar atrocidades y a convertir la España republicana en un satélite de la URSS. Una de las primeras decisiones de Largo Caballero como primer ministro fue enviar 510 toneladas de oro del Banco de España a Moscú, el 72,6% de las reservas de ese banco. Agentes del gobierno de Largo se hicieron con el oro el 14 de septiembre de 1936, sólo diez días de la llegada de Largo Caballero a su cargo. Las cajas que contenían todo ese oro fueron cargadas en cuatro barcos soviéticos (el “Kine”, el “Kursk”, el “Neva” y el “Volgoles”) en el puerto de Cartagena entre el 22 y el 25 de octubre de 1936, y transportadas hasta el puerto soviético de Odessa, en el Mar Negro. Ese oro nunca volvió a España: fue el mayor robo de nuestra historia.

Bajo su mandato también se hicieron fuertes en la zona roja tanto los comunistas del PCE como los agentes enviados por Stalin, multiplicándose las chekas, centros de tortura y ejecución. Él mismo entabló contacto con el dictador soviético, dejando las riendas políticas y financieras del bando rojo en manos de Arthur Stashevsky, agregado comercial de la URSS.

2.- Discursos alentando a la violencia subversiva y a la Guerra Civil

En los discursos pronunciados por Largo Caballero a partir de 1932 que adjuntamos se demuestra sin lugar a dudas que hacía un llamamiento a la violencia revolucionaria, y a la necesidad de provocar una Guerra Civil para acabar con lo que él llama la «República burguesa».

A raíz del claro triunfo de las derechas en las elecciones de 1933 ―5 millones de votos frente a tres ―Largo Caballero fue el líder máximo del espíritu revolucionario que se implantó en la izquierda española, que, en vista de que no podia alcanzar el poder mediante las urnas, decidió asaltarlo mediante la violencia subversiva, abandonando  la «vía parlamentaria» como medio para instaurar el socialismo, orientando al marxismo español por la vía de la insurrección, haciendo de la revolución social su único objetivo, intentando hacer de ella un instrumento que diera a la República burguesa la orientación revolucionaria que siempre había constituido el horizonte final del movimiento obrero español.

En esta evolución tuvo un papel decisivo Largo Caballero, émulo de Lenin, quien no se recataba de airear con prepotencia y chulería a los cuatro vientos sus proclamas revolucionarias, que incluían la violencia, si fuera necesario, para instaurar la dictadura del proletariado.

En 1933 creó los “batallones de chíbiris” entre las Juventudes Socialistas, grupos paramilitares que recibían instrucción de combate impartida por oficiales del ejército. En siete meses asesinaron a ocho falangistas en las calles de Madrid.

«Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble: colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la Guerra Civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos»…

«Si no nos permiten conquistar el poder con arreglo a la Constitución… tendremos que conquistarlo de otra manera […] Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución Socialista».

«El jefe de Acción Popular decía en un discurso a los católicos que los socialistas admitimos la democracia cuando nos conviene, pero cuando no nos conviene tomamos por el camino más corto. Pues bien, yo tengo que decir con franqueza que es verdad. Si la legalidad no nos sirve, si impide nuestro avance, daremos de lado la democracia burguesa e iremos a la conquista del Poder».

«Si los socialistas son derrotados en las urnas, irán a la violencia, pues antes que el fascismo preferimos la anarquía y el caos».

«La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución».

Discurso en el XIII Congreso del PSOE celebrado en 1932, siendo Largo Caballero Ministro de Trabajo y Previsión Social:

“El Partido socialista no es un partido reformista (…) cuando ha habido necesidad de romper con la legalidad, sin ningún reparo y sin escrúpulo. El temperamento, la ideología, y la educación de nuestro partido no son para ir al reformismo”.

15 de agosto de 1933, en la Escuela de Torrelodones (“El Socialista”, 16-8-33):       

“Antes de la República creí que no era posible realizar una obra socialista en la democracia burguesa. Después de veintitantos meses en el gobierno… si tenía alguna duda sobre ello, ha desaparecido. Es imposible”.

«El Socialista», 9-11-33 (discurso en Don Benito, Extremadura):           

“Se dirá: ¡Ah esa es la dictadura del proletariado! Pero ¿es que vivimos en una democracia? Pues ¿qué hay hoy, más que una dictadura de burgueses? Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente. Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada. No ocultamos que vamos a la revolución social. ¿Cómo? (Una voz en el público: ‘Como en Rusia’). No nos asusta eso. Vamos, repito, hacía la revolución social… mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas habrá que obtenerlo por la violencia… nosotros respondemos: vamos legalmente hacia la revolución de la sociedad. Pero si no queréis, haremos la revolución violentamente (Gran ovación). Eso dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil… Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… No nos ceguemos camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aún los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar. El 19 vamos a las urnas… Más no olvidéis que los hechos nos llevarán a actos en que hemos de necesitar más energía y más decisión que para ir a las urnas. ¿Excitación al motín? No, simplemente decirle a la clase obrera que debe preparase… Tenemos que luchar, como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución Socialista”.

El 13 de noviembre de 1933, Largo Caballero se expresaba así:

“El jefe de Acción Popular decía en un discurso a los católicos que los socialistas admitimos la democracia cuando nos conviene, pero cuando no nos conviene tomamos por el camino más corto. Pues bien, yo tengo que decir con franqueza que es verdad. Si la legalidad no nos sirve, si impide nuestro avance, daremos de lado la democracia burguesa e iremos a la conquista del Poder”.

Congreso de las Juventudes Socialistas (El Socialista, 21 de abril de 1934):

«La revolución no se hace con gritos de viva el Socialismo, viva el comunismo y viva el anarquismo. Se hace violentamente, luchando en la calle con el enemigo. Y éste no sale dando gritos, sino que cuando lucha lo hace preparado para ello. Cuando llegue este momento habrá que afrontar la lucha decisivamente.

(…) Hay que apoderarse del poder político; pero la revolución se hace violentamente: luchando, y no con discursos.

(…) Es indudable que en un momento determinado el proletariado se pondrá, como se dice vulgarmente, en pie, y procederá violentamente contra sus enemigos. Hay que crear un ejército revolucionario que poder enfrentar con nuestros enemigos. Y es preciso organizarlo militarmente, de manera que los hombres que compongan dicha organización hagan promesa de obediencia, porque de esta forma es como está organizado el ejército enemigo. Yo no tengo escrúpulos en decir ante vosotros que hay que organizar nuestro ejército.

Verano de 1934 en Ginebra:

“No creemos en la democracia como valor absoluto. Tampoco creemos en la libertad”.

Mitin en el Cinema Europa de Madrid el 1 de octubre de 1934:

“Nuestro partido, es ideológicamente, tácticamente, un partido revolucionario… cree que debe desaparecer este régimen”.

En el Cinema Europa de Madrid el 12 de enero de 1936 (“El Socialista”, 13-1-36):

«Un recuerdo para todas las víctimas ocasionadas por la represión brutal de octubre… y que prometemos que hemos de vengarlas… No vengo aquí arrepentido de nada… Yo declaro… que, antes de la República, nuestra obligación es traer al socialismo… Hablo de socialismo marxista… socialismo revolucionario… somos socialistas pero socialistas marxistas revolucionarios… Sépanlo bien nuestro amigos y enemigos: la clase trabajadora no renuncia de ninguna manera a la conquista de Poder… de la manera que pueda…

La República… no es una institución que nosotros tengamos que arraigar de tal manera que haga imposible el logro de nuestras aspiraciones… Nuestra aspiración es la conquista del poder… ¿Procedimiento? ¡El que podamos emplear!… Parece natural que se aprovechase ahora la ocasión para inutilizar a la clase reaccionaria, para que no pudiera ya levantar cabeza».

El 27 de enero de 1936, en un mitin en Alicante:

«Lo primero que tendremos que hacer es desarmar al capitalismo… El comunismo es la evolución natural del socialismo, su última y definitiva etapa… Si ganan las derechas, tendremos que ir a la guerra civil

10 de febrero de 1936, en el Cinema Europa:

“… la transformación total del país no se puede hacer echando simplemente papeletas en las urnas… estamos ya hartos de ensayos de democracia; que se implante en el país nuestra democracia (…) Tenemos que recorrer un periodo de transición hasta el socialismo integral, y ese período es la dictadura del proletariado, hacia la cual vamos (…) En las elecciones de abril [del 31] los socialistas renunciaron a vengarse de sus enemigos y respetaron vidas y haciendas; que no esperen esa generosidad en nuestro próximo triunfo (…) La consolidación de un régimen exige hechos que repugnan, pero que luego justifica la historia (…). El socialismo ha de acudir a la violencia máxima para desplazar al capitalismo. La revolución no puede tener por objeto asustar al capital, sino destruirlo(…) Pongámonos en la realidad, estamos en plena guerra civil».

El 24 de mayo de 1936, en Cádiz, tras la victoria del Frente Popular (“El Socialista”, 26-5-36).           

“Cuando el Frente Popular se derrumbe, como se derrumbará sin duda, el triunfo del proletariado será indiscutible. Entonces estableceremos la dictadura del proletariado, lo que…quiere decir la represión…de las clases capitalistas y burguesas”.

Publicado por Plataforma Contra la Apología del Marxismo

La PLATAFORMA CONTRA LA APOLOGÍA DEL MARXISMO tiene como objetivo primordial exigir la retirada de los espacios públicos de toda España los vestigios del comunismo, que en forma de nombres de calles, placas, monumentos, fundaciones, centros de enseñanza, etc. ensalcen la figura de personajes vinculado al marxismo internacional y especialmente de quienes cometieron fechorías y crímenes durante la II República y la Guerra Civil durante el llamando Terror Rojo.

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