INDALECIO PRIETO, DE GOLPISTA A LADRÓN

INDALECIO PRIETO TUERO fue un político español del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), titular de las carteras ministeriales de Hacienda, Obras Públicas, Marina y Aire, y Defensa Nacional durante la Segunda República. Exiliado en México tras la derrota republicana en la Guerra Civil española, desempeñó la presidencia del PSOE entre 1948 y 1951.

El historial delictivo de este político socialista es amplísimo, y está lo suficientemente documentado ―golpismo, represiones y torturas, robos…―, lo cual le hace completamente indigno de recibir honres y homenajes en los espacios públicos de nuestras ciudades:

1.- Indalecio Prieto como golpista

Indalecio Prieto jugó un papel destacado en la huelga general revolucionaria que se desencadenó el 13 de agosto de 1917, al igual que Largo Caballero y la Pasionaria, por lo cual se vio obligado a huir a Francia, de donde volvió en atril de 1918, después de haber sido elegido diputado.

Participó asimismo en el complot golpista del pacto de San Sebastián, en agosto de 1930.

Es de hacer notar que Prieto se abstuvo de votar a favor del artículo que permitía el sufragio femenino en los debates de redacción de la constitución española de 1931, diciendo que el voto de las mujeres era una puñalada para la república.

Pero donde más desahogo su actividad golpista fue en la preparación del golpe de estado de octubre 1934, del cual fue su verdadero cerebro y promotor. Ideó el «putsch» a lo Dollfuss con el que, imitando el golpe nazi en Viena, quería eliminar a los gobernantes legítimos. También propuso sabotajes para dejar a Madrid sin abastecimiento de agua.

Ya desde enero de 1934 se estaba gestando el movimiento golpista, cuando se expulsó de la cúpula socialista a los moderados, representados por Julián Besteiro. Según declaró entonces Largo Caballero, «La suerte está echada, el Partido y la Unión General ya están de acuerdo en organizar un movimiento revolucionario con un programa concreto al objeto de salir al frente de manejos reaccionarios».

Es de hacer notar que Prieto se abstuvo de votar a favor del artículo que permitía el sufragio femenino en los debates de redacción de la constitución española de 1931, diciendo que el voto de las mujeres era una puñalada para la república.

Pero donde más desahogó su actividad golpista fue en la preparación del golpe de estado de octubre 1934, del cual fue su verdadero cerebro y promotor. Ideó el «putsch» a lo Dollfuss con el que, imitando el golpe nazi en Viena, quería eliminar a los gobernantes legítimos. Para dar a la subversión revolucionaria un barniz de legitimidad, los socialistas usaron como argumento la provocación que para ellos suponía la entrada de tres ministros de la CEDA en el gobierno. El mismo día 5 de octubre, el PSOE y UGT ―con la desigual colaboración de los anarquistas de la CNT y la FAI, y el PCE― pusieron en marcha la intentona golpista disfrazada como huelga general, solamente por el hecho de que el partido que legítimamente había ganado las elecciones había metido a tres ministros en el gobierno.

El PSOE y la UGT formaron entonces una Comisión Mixta que encargó a Indalecio Prieto la organización del movimiento revolucionario, que incluía la constitución de comités revolucionarios en las provincias ―a los que se proporcionaría  avituallamiento de armas―, coordinados por las Juntas Provinciales, a las que se les dijo que «el triunfo de la revolución descansará en la extensión que alcance y la violencia con que se produzca». Otra parte de la conspiración iba orientada a la captación de oficiales golpistas en los cuarteles.

El golpe llevaba tiempo organizandolo Indalecio Prieto, ya que él fue el que se encargó de la provision de armas a los sublevados, gracias a su amistad con el hombre de negocios Horacio Echevarrieta. Este industrial bilbaino había comprado poco antes 17.000 fusiles Mauser a la Fábrica de Armas de Oviedo. Su intención era venderlos a Etiopía, que se encontraba en guerra contra Italia, pero la operación fracasó. Por eso, el socialista convenció a Echevarrieta de que los trasladase a San Esteban de Pravia a borod del barco Turquesa para armar a las milicias socialistas. Estos fusiles estaban destinados a armar a los revolucionarios que en octubre de 1934 se levantaron contra el Gobierno legítimos de la República y causaron centenares de muertos. Primero en una represión indiscriminada contra religiosos, derechistas y empresarios, y luego entre las Fuerzas Armadas encargadas de sofocar el movimiento revolucionario.

Bandas armadas de socialistas y ugetistas intentaron asaltar los edificios de la Presidencia del Gobierno y del Ministerio de la Gobernación. Fue la espoleta para que en España se desencadenaran dos semanas de violencia, que produjo más de un millar de muertos.

El golpe triunfó en Asturias con las armas conseguidas por el socialista Indalecio Prieto. Allí se asesinó a unos 250 miembros de las fuerzas de seguridad, así como a 34 religiosos. Incendiaron la Universidad, el Teatro Campoamor, la Catedral de Oviedo, así como numerosos edificios religiosos.

Su propia opinión sobre la sublevación de 1934 la expuso posteriormente en el exilio, en una conferencia que tuvo lugar en la Ciudad de México el 1 de mayo de 1942: «Me declaro culpable ante mi conciencia, ante el Partido Socialista y ante España entera, de mi participación de aquel movimiento revolucionario. Lo declaro como culpa, como pecado, no como gloria. Estoy exento de responsabilidad en la génesis de aquel movimiento, pero la tengo plena en su preparación y desarrollo».

En la crisis de la bolchevización del PSOE en 1933-34, Prieto no tomó partido por el legalista Besteiro, sino que contribuyó a liquidarlo políticamente, en alianza con Largo Caballero. Preparó con este la guerra civil y la intentó en octubre del 34. Fracasada la insurrección, contribuyó como quien más a la campaña de infundios sobre la represión de Asturias, la cual envenenó al pueblo español y le predispuso para la guerra civil, a la que en 1934 solo habían estado dispuestos los dirigentes socialistas, comunistas y nacionalistas catalanes. Organizó con Azaña una coalición demagógica y antidemocrática, que derivó rápidamente hacia un Frente Popular de estilo soviético, ya antes de reanudarse la guerra en julio del 36. Formó un grupo de pistoleros guardaespaldas, «la Motorizada», que sembró el terror durante la repetición de las elecciones en Cuenca, deteniendo arbitrariamente a personas de derechas para impedirles votar. Fueron sus guardaespaldas y policías ligados a él quienes organizaron el secuestro y realizaron materialmente el asesinato de Calvo Sotelo.

Durante la guerra, Prieto tomó parte en el envío del oro a Rusia, se alió con los comunistas para defenestrar a su antes amigo Largo Caballero, participó en la corrupción organizada por su partido con las compras de armas –corrupción que pagaban los propios soldados socialistas en el frente– y organizó el siniestro SIM, policía política, a sugerencia de Orlof, el representante del NKVD soviético, y a imagen y semejanza de este. Hay indicios de que, cuando se cansó de los soviéticos, quiso atraerse a los ingleses ofreciéndoles a cambio de su ayuda la ría de Vigo y Menorca… Y al terminar la guerra, y por no entrar en más detalles, birló a Negrín el tesoro del Vita, saqueado a su vez al patrimonio artístico e histórico español y a miles de particulares, incluyendo personas humildes; y con ese tesoro prosiguió su labor corruptora.

El asesinato de José Calvo-Sotelo

Aunque la historiografía tendenciosa afirma que el asesinato de José Calvo-Sotelo fue la respuesta frentepopulista al asesinato del teniente Castillo, hay pruebas contundentes de que el magnicidio de líder de renovación española había sido preparado casi desde la misma llegada al poder del frente popular, y de que debería ir acompañado de los asesinatos de José María Gil-Robles y Antonio Goicoechea, para así descabezar a los líderes de la derecha española. Esta conspiración se demuestra en la documentación aportada por el socialista Francisco Vázquez —revelada por Juan Pflüger en La Gaceta—,por lo cual no sirve de excusa afirmar que fue una respuesta al asesinato del teniente Castillo, instructor de las milicias de las Juventudes Socialistas.

Estebarán Llorente —el conductor— testificó que el dirigente comunista Jesús Hernández contactó con él en abril de 1936 para pedirle que hiciera un servicio con su camión-furgoneta: recoger los cadáveres de los tres líderes conservadores y llevarlos al cementerio.

El asesino del líder monárquico fue Luis Cuenca, militante socialista y guardaespaldas de Indalecio Prieto.El furgón policial en el que fue introducido había salido del cuartel de Pontejos, y su dotación estaba compuesta por hombres de confianza del líder socialista Indalecio Prieto, por lo cual es difícilmente comprensible que este no tuviera conocimiento de que se iba a perpetrar el atentado contra Calvo-Sotelo, e incluso tiene lógica sospechar que había sido ordenado por él mismo.

El objetivo de esta operación era provocar a los militares que presentaban reticencias ante el curso de los acontecimientos de la república frentepopulista, con el fin de que se mostrarán de una vez al descubierto un y lanzaran la rebelión militar que todos daban por inevitable, pues la izquierda estaba segura de que iba a salir victoriosa en la contienda, dada su gran superioridad de medios.

Luis Cuenca, autor material de los disparos, habló con Julián Zugazagoitia, el editor del diario «El Socialista», quien declaró que «Ese atentado es la guerra».​ Más adelante, Fernando Condés, otro de los implicados, le contó lo sucedido a Prieto, diciéndole que estaba pensando en suicidarse, a lo que Prieto le contestó: «Suicidarse sería una estupidez. Van a sobrarle ocasiones de sacrificar heroicamente su vida en la lucha que, de modo ineludible, comenzará pronto, dentro de días o dentro de horas».

Estas  declaraciones de los protagonistas demuestran que el asesinato se llevó a cabo sabiendo que iba a ser el detonante para que se declara la la guerra civil larvada, la cual, por consiguiente, fue provocada por el frente popular.

Aunque la Justicia republicana inició diligencias para investigar el atentado, nada más comenzar la Guerra Civil el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción que llevaba la investigación fue asaltado por un grupo de milicianos que destruyó los documentos, salvándose solamente algunos, como el que fue a parar al magistrado Francisco Vázquez, consistente en una declaración efectuada por el conductor de la ambulancia que transportó a Calvo-Sotelo al cementerio de la Almudena, donde fue abandonado el cadáver, con dos disparos en la nuca.

Los tesoros del «Vita»

Indalecio Prieto también también jugó un papel protagonista destacado en lo que puede considerarse como el mayor expolio cultural y económico de nuestra historia, que consistió en una cesión de todas la reservas de oro del banco de España ―que en aquellos días eran las cuartas del mundo― a la Unión soviética, en lo que se conoce como el «oro de Moscú». Aparte de este latrocinio, también saquearon tesoros artísticos, cajas privadas de los bancos, e incluso los ahorros del Monte de Piedad.

A esta operación de saqueo se la podría muy bien llamar «Operación Vita», ya que con este nombre se rebautizó un yate adquirido por el nacionalista vasco Marino de Gamboa, hombre de paja de Negrín, el cual zarpó en febrero de 1939 del puerto francés de El Havre con destino al puerto mexicano de Veracruz, llevando en sus bodegas 120 maletas que atesoraban mercancías incautadas por la «Caja General de Reparaciones».

En el yate se embarcó una ingente fortuna en metales preciosos, obras de arte, reliquias, diamantes y otras joyas, cajas de seguridad de Montes de Piedad, etc… La identificación exacta de estos bienes sigue siendo un misterio, porque jamás se hizo inventario de su cargamento. Según el ugetista Amaro del Rosal, había objetos valiosos y recursos financieros de la Generalitat catalana; piezas del tesoro Artístico Nacional, como las joyas de la Capilla Real de Madrid; una parte del tesoro de la catedral de Tortosa; objetos religiosos de la catedral de Toledo, como el famoso  «Manto de las cincuenta mil perlas de la Virgen del Sagrario»… Siguiendo las órdenes del ministro de Hacienda, Méndez Aspe, los tesoros se trasladaron al castillo de Figueras el 23 de enero de 1939 —el cual fuevolado ante la inminencia de la derrota, a pesar de que aún había en él tesoros artísticos que los dirigentes en fuga no se habían podido llevar: esto demuestra el desprecio que aquella turba sentía hacia el Patrimonio de todos los españoles—.

Especial importancia tuvo la requisa numismática del Museo Arqueológico Nacional, que en 1925 contaba con 160.000 monedas, 15.000 medallas y medio millar de piezas grabadas. Del expolio se encargó el subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, Wenceslao Roces, con el concurso de Antonio Rodríguez-Moñiño.

A la llegada a México, Indalecio Prieto —en connivencia con Lázaro Cárdenas, el presidente de México, su amigo personal— se adelantó a Negrín, y se apropió del «Vita», con lo cual las relaciones ya deterioradas entre los dos dirigentes socialistas degeneraron en una contienda abierta.

¿Qué valor tenía la fortuna del «Vita»? Indalecio Prieto —quien nunca rindiócuentasdelúltimodestino de aqueltesoro, que tampocoquisoinventariar— ocultó el cargamentoensuvivienda, dondeinstaló un taller que ejecutaba la fundición de las piezas y la extracción de las piedraspreciosas, para que las piezasdesmontadas y fundidasjamáspudieranserreconocidasporsuslegítimospropietarios. Tasadoaproximadamenteen 500 millones de pesetas de aqueltiempo —77 millones de euros en la actualidad—, segúndiversasfuentes, vendió 1.488 kilos de oro de 24 quilates al banco de México, venta que hizo con exención del pago de impuestos. Parte del dineroobtenidoporaquellaventa de oro se envióaEstadosUnidos, y hasta la fecha se desconocequiénfue el beneficiario final.

La rapacidad de Prieto incluyó la venta de 24 aviones que la Repúblicahabíaadquiridoen USA. De loscuadros de incalculable valor que viajaronen el «Vita», nuncamás se supo, aunque hay testimonios de personas que vieroncuadros de grandespintoresespañoleshermoseandosalones de expresidentes de México y galerías de Nueva York.

Parte de la plata y otrosobjetosartísticoslosvendió a USA, todo con la complicidad de presidentes —en especial Lázaro Cárdenas— y funcionariosmexicanos, con loscualesformóunaverdaderabandamafiosa —Prieto hizo de suvivienda un verdaderobúnker, atestado de ametralladoras, para defender subotín— que manejómillones de dólaresbajo la tapadera de la JARE —«Junta de Auxilio a losRepublicanosEspañoles—, que bienpocoayudó a losexiliados. Se calcula que el gobiernomexicano se apropió de untercio de aquelgigantescobotín.

Las irregularidades de la JARE —como la fundición de monedas de oro de gran valor numismático— llevaron al gobiernomexicano de Manuel Ávila Camacho a asumirsu control enenero de 1941.

Estasituación se denunciabaenuna carta que las Asociaciones de RefugiadosEspañolesen México dirigieron a Prieto el 6 de septiembre de 1.940, cuyocontenido no dejabalugar a dudas: «Los que suscriben, refugiadospolíticosespañoles y como tales titulares del patrimonio que ustedcomopresidente de la JARE tieneensupoder (…) Lejos de cumplir con aquellosdeberes, la JARE, asícomo el ComitéTécnico, hanprostituidosufunción, distribuyendo el dinerocomún de modoilícito entre los amigos y partidarios de losgestores del mismo, obligando a la masa a viviren la máspaupérrima de las miserias (…) Entre tanto, usted y susparientes y amigos, vivenen casas suntuosascomo la que ustedposeeen Nuevo León 103, y dilapidancrapulosamente el dinerocolectivo (…) A cuenta del patrimonio de losrefugiados, ustedesllevanunaconductaenestepaís que hace honor a losplutócratas y terratenientesespañoles contra quienes el pueblo vertiósusangreen la guerra civil».

La cuantíaaproximada de lostesorosdel Vita es de unos 76 millones de euros actuales.

El terror de las checas

La mayoría de las checas pertenecían a los partidos políticos y a los sindicatos que operaban en la zona republicana, pero realmente estaban todas controladas por el PSOE. Actuaban, por consiguiente, como policía política —con funciones incluso paramilitares— y como tribunales populares donde, sin ninguna garantía jurídica, se torturaba y asesinaba a los sospechosos.

El objetivo de este organismo era limitar las actividades de quintacolumnistasanarquistas, “incontrolados” y otros desestabilizadores.1​ Dado que se encargó también de las labores de represión en la retaguardia republicana, durante su corta historia no tuvo una buena reputación entre la población.

Fruto de la unión de las organizaciones de espionaje y contraespionaje, ya desde el momento de su creación Prieto accedió a concederle un estatus especial al SIM a la hora de actuar, por consejo de los asesores soviéticos. Tenía cárceles y campos de concentración propios.

Sus objetivos no eran solo los elementos «fascistas», o los espías de los sublevados. También se dedicó a perseguir a otra clase de enemigos, como los troskistas, anarquistas, ​ militantes católicos, ​ etc.

Influidopor Alexander Orlov, el SIM llegó a utilizarlosmismosmétodos de tortura que la NKVDCeldasen las que casi no cabíauna persona, ruidos y lucesfuertes, bañoshelados, etc. Muchos de los jefes locales del SIM se mostraroninflexibles. ​

A partir de 1938 tambiéndispusieron de supropiostribunalesjudiciales (de carácterestrictamentemilitar) para juzgar a sus detenidos y prisionerosmediantejuiciossumarísimos.Porejemplo, enesemismoaño 245 detenidosfueronprocesados y condenados a muertepordelitos de espionaje y sabotaje.

El primer jefe fue el socialista ÁngelDíazBaza, amigo personal de Indalecio Prieto.A quien le siguióPrudencioSayagües, quien a suvezfue pronto sustituidopor el coronel Uribarri, y posteriormentepor Santiago Garcés, uno de losmiembros del grupo que estuvoimplicadoen el asesinato del políticoderechista José Calvo Sotelo unosdías antes del estallido de la guerra.

Entre los verdugos de las checas destacó la siniestra figura de Agapito García-Atadell, miembrodelPSOE y de la ejecutiva de UGT, amigo íntimo de Indalecio Prieto.  Agapito era conocidopordominar las checasdel PSOE y famosopordirigir las Brigadas del Amanecer, utilizandolosarchivos del Ministerio de la Gobernación para perseguira gente de derechas y católicos. La prensafrancesa le atribuyemás de 2.000 ejecuciones. 

Otra de las creacionesparamilitares de Indalecio Prieto fueunaguardiapretoriana personal, llamada «La Motorizada», que utilizabavehículossustraídos al ParqueMóvil de la Guardia de Asalto. Se trataba de un cuerpomilitarizado, fuertementearmado, que, bajo la pantalla de proteger al pistolero, se dedicaba a ajustarcuentas, al asesinato de disidentesinternos y opositores de la derecha, comoCalvo-Sotelo.

Su idilio con las armas era bienconocido, lo cual, unido a sugolpismo, le llevó a protagonizaruntremendoescándaloen las Cortes el 4 de julio de 1934, cuandosacóunapistola, la amartilló, y amenazó con ella al diputadoconservador Jaime Oriol, quienpreviamente se habíapeleado con un diputadosocialista que habíainsultado a Gil-Robles. Oriol dijoproféticamente que «es intolerable que lossocialistascuando no tienenargumentoapelen a las armas». Sabiovaticinio, que tendríasuplasmaciónunosmesesmástarde, en la revolución de octubre.

El director del SIM en Madrid durante un tiempo fue Santiago Garcés, quien iba en la camioneta que secuestró y ejecutó a Calvo-Sotelo. Era amigo de Prieto, al igual que Ángel Pedrero, ayudante y sucesor del siniestro Agapito García Atadell, también socialista, y miembro de la ejecutiva de UGT, íntimo amigo de Prieto.

La actitud violenta de Prieto también se plasma en el hecho de que, durante la guerra, planeó en secreto bombardear el funeral del General Mola con la ayuda de la aviación soviética para asestar un golpe mortal a los sublevados, pero Manuel Azaña lo impidió en el último momento, por miedo al desgaste de imagen que podría ocasionar a la II República.

Publicado por Plataforma Contra la Apología del Marxismo

La PLATAFORMA CONTRA LA APOLOGÍA DEL MARXISMO tiene como objetivo primordial exigir la retirada de los espacios públicos de toda España los vestigios del comunismo, que en forma de nombres de calles, placas, monumentos, fundaciones, centros de enseñanza, etc. ensalcen la figura de personajes vinculado al marxismo internacional y especialmente de quienes cometieron fechorías y crímenes durante la II República y la Guerra Civil durante el llamando Terror Rojo.

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